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El origen de la palabra “amor”. Al hilo del Día de los Enamorados.

15 febrero, 1998

El origen de la palabra “amor”. Al hilo del Día de los Enamorados. (15-02-1998)

El hombre contemporáneo tiende a pensar que las cosas han sido siempre como hoy son. Que el tiempo pasa y erosiona las cosas, pero que raramente las transforma… Tendemos a pensar que las palabras han tenido siempre unos significados análogos a los actuales.

Nada más alejado, sin embargo, de la realidad. Todas las palabras han conocido un proceso de deslizamiento desde sus significados originarios hasta los que, ya en épocas muy modernas, han acabado adquiriendo como definitivos… como ejemplo, mostraré lo que ha sucedido con una de las palabras más comunes y mágicas del lenguaje humano: amor… El sentido abstracto e ideal que hoy le concedemos a la palabra amor es enormemente moderno. Antes y en unas épocas en las que el ser humano no concebía abstracciones y sólo les daba un nombre a las cosas concretas, a todo aquello que pudiera ver y tocar, el amor era una mera consecuencia o secuela de la manifestación de este sentimiento. O, dicho de una forma más clara y directa, amor eran aquellos fluidos o humores que el hombre y la mujer generan cuando se aman. Y de ahí esa homonimia amor = humor. Homonia que no es exclusiva de nuestro idioma sino que puede reconocerse en todos los idiomas de la Tierra.

Un ejemplo elocuente, el término inglés para designar al amor, love, tiene su precedente en el euskera lobel, “líquido”. Así como en las muy descriptivas voces indonesias lubang y lubuk: “cavidad” o “agujero húmedo”. Y ello sin olvidar al griego libas, “flujo”, al kechua llabay, “lamer” o las palabras castellanas lluvia, lavar o libar, las tres relacionadas con el agua, con el elemento líquido.

El tramo de la historia de la palabra amor que hoy me propongo desvelar, se inicia en un término perdido –amballa = ambara– cuya trascendencia en el habla humana ha resultado sencillamente colosal… iba a ser la diosa Ambara es la que diera nombre al embarazo… de las hembras. Algo de lo que la Filología tradicional no se ha enterado todavía… ni la RAE.

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