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Feliz y amoroso Año Nuevo! Que acaba de salir del horno.

1 marzo, 1998

Feliz y amoroso Año Nuevo! Que acaba de salir del horno. (01-03-1998)

Esta publicación ha venido a coincidir puntualmente, con la fecha en la que nuestros antepasados celebraban el comienzo del año. Una conmemoración que algunos estamos tratando de rescatar del olvido, sobre la base de reavivar tradiciones como el canto de las Marzas o de resucitar otras tales como el toque ritual que a las 12 de la noche del día 28 de febrero se hacía con un cuerno de cabra (cuerno > corneta). Los judíos han conservado esta última costumbre, conocida con el nombre de safar: el toque con el se venía a simbolizar el momento en que la vida había nacido en las tierras de Sefarad

Ambara… iba a ser esta vieja divinidad la que diera vida a la diosa Amarita, predecesora celtibérica de la euskérica Mari y de su paralelo María, adorada ya desde la prehistoria en los territorios que corresponden hoy con Asturias, Cantabria y Castilla. Pues bien, iban a ser todas estas divinidades las que dieran origen a la formación de la palabra amor. Un término inequívocamente femenino, referido no tanto al tópico amor maternal como a los fluidos o humores que definen a la mujer y que la singularizan como generadora de vida. Las madres, las mujeres, eran las fuentes que producían los fluidos de la vida y también, no lo olvidemos, del placer.

La líquida diosa Amara = Analla se encuentra tras la voz kechua amullay, “retener agua en el cuerpo”. O tras la euskérica amillur, “agua que corre”. Y no se pierda de vista que kechua y el vasco son lenguas separadas por decenas de miles de kilómetros… y de años…

La diosa Amalla = Amara, ha dado nombre, pues, a la mujer (imaratun, en árabe) y al amor.

Pero el concepto de amor acabará diversificándose a la postre, pasando a designar tan solo al sentimiento. Los fluidos amorosos quedarán englobados bajo el término humor. Y de ahí el griego hímenes, deseo amoroso… Muy próximo a nuestro himeneo, o ceremonia nupcial. O al himen con el que se clausura la vagina de la mujer.

Términos todos estos que están claramente emparentados con la palabra amor, así como con el origen de la palabra fémina (euskera, eme). O con el árabe umun, madre. Y es que, en definitiva, el amor tiene nombre y esencia de mujer.

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