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“José”, un nombre vasco. La leyenda del carpintero que venció al Diluvio.

15 marzo, 1998

“José”, un nombre vasco. La leyenda del carpintero que venció al Diluvio. (15-03-1998)

Este españolísimo nombre de pila, José,… no tiene absolutamente nada de judío como hasta aquí se nos ha venido vendiendo. Porque siendo diáfano que la letra b, primera del alfabeto consonántico, es inmensamente más antigua que la p, una de sus réplicas más modernas, viene a deducirse que mal puede ser el nombre vasco Joseba, una derivación de la supuesta forma original hebrea Josehp = Iosepho. Es justamente todo lo contrario: todos los Joseph, Josep o Giuseppe son hijos del genuino nombre ibérico de todos los Josés y Josefas del planeta: Joseba = Yoseba.

Si José es un nombre euskérico –y repito una vez más que la lengua vasca nació en el Alto Ebro-, entonces hay que empezar a replantearse una montaña de cosas. Comenzando por esa pintoresca leyenda que nos habla de cierto carpintero de Palestina que respondía al nombre de José y al que los textos sagrados conocen con el feísimo calificativo de padre putativo… la fábula de que José era capintero arranca del hecho de que ha sido este, carpintero o persona que trabaja con la madera, un antiquísimo significado de la palabra vasca de la que se ha derivado Joseba = Yoseba. O sea, que ni carpintero ni gaitas. José, antes de que nos lo trocasen en nombre de un santo, no fue otra cosa que el término para designar una profesión. La de aquellos que antaño se consagraron a construir naves, templos y viviendas de madera. Que de ahí, justamente, la voz euskérica josi = clavar.

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