La última sirena.

19 julio, 1998

La última sirena. (19-07-1998)

Hace unas semanas que mi cuarto hijo, Ibán, me sorprendió con el envío de unas fotocopias de la novela cuya trama sigue la película en cuestión y que no es otra que La Piel de Curzio Malaparte. Pues bien, sin entrar de momento en mayores comentarios, me apresuro a reproducir a continuación los párrafos de esta conocida novela en la que Malaparte describe a aquella tierna y candorosa criatura: “La puerta se abrió y en el umbral, precedidos del mayordomo, aparecieron cuatro criados de librea trayendo a la manera antigua, sobre una especie de angarillas recubiertas de un brocado rojo con el escudo de los duques de Toledo, un inmenso pez colocado sobre una enorme fuente de plata maciza. El mayordomo había escrito en la minuta de la cena: Sirena en salsa mayonesa con corales…”

Mi libro Cantabria, cuna de la Humanidad, escrito en 1984, contiene no pocos errores propios de un primerizo, de una persona que se vió desbordada por un asunto de semejante dimensión. Pero por encimo de esos errores y de sus innumerables hallazgos, encierra dos verdades fundamentales que jamás habían sido vislumbradas a lo largo de toda la Historia: la primera, la de que la Humanidad racional se forjó en el ámbito de las fuentes del río Ebro; y la segunda, la de que el antepasado directo del ser humano no fueron esos simios torpes y lerdos de los Darwin y sus acólitos nos quieren hacer descender, sino unos animales anfibios, extraordinariamente semejantes a nosotros y por supuesto dotados de un elevado nivel intelectual, que son aquellos a los que convencionalmente designamos con los nombres de sirenas, lamias u ondinas. Elas, estos “peces humanos”, son las verdaderas antepasadas de todas las diferentes especies de antropoides del planeta, descendientes cada una de ellas de una particular familia de sirénidos. Seres éstos que han sido brutalmente exterminados por el ser humano y de los que contados ejemplares perviven en las aguas fluviales y marinas de nuestro planeta…

¿Cuál era el talante de aquellos seres fascinantes, abuelos nuestros? Pues muy semejante, sin duda, al de los delfines, mamíferos que debido a su gran parentesco con las sirenas, fueron identificados como antepasados nuestros por los hombres de la Prehistoria. Y de ahí el que los el griego delfos significa útero, matriz. O el que se identificase con un delfín a nuestro supuesto padre divino: en las ruinas de la metrópoli celtibérica de Clunia, en Burgos, se descubrió la que tal vez sea su más prodigiosa representación… fue Ibernio o Iberio uno de los epítetos de ese dios acuático supuesto antepasado nuestro…

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