Miguel de Unamuno y Darwin.

23 agosto, 1998

Miguel de Unamuno y Darwin. (23-08-1998)

Darwin, autor de una tesis que no tenía nada de original y que aplicada a la especie humana le llevó a la delirante conclusión de que descendemos de simios africanos. Un simplismo como una casa.

Desde hace varios décadas se están consagrando verdaderas burradas respecto al origen del ser humano, tanto o más absurdas que la tesis tradicional de nuestros primeros padre Adán y Eva… Me cabe la satisfacción de haber sido el primer prehistoriador en el mundo que ha etiquetado como hominido al hombre de Neanderthal, negando su condición de homo sapiens. Por la misma razón, también fue el primero en negar que fuésemos descendienes del homo erectus ni de ninguno de sus antepasados más remotos, homínidos todos ellos…

Hace tres años que el Instituto de Antropología de la Universidad de Zurich demostró que los seres humanos no podíamos ser descendientes de los neanderthales. En ese caso se recurrió a la cibernética para probar que nuestros cráneos no se habían derivado de los de aquéllos. Y, por ende, tampoco de los homínidos, parientes próximos suyos. Más tarde fueron unos valientes y honestros investigadores de la Universidad de Munich –siempre Europa…- los que confirmaron la imposibilidad genética de que los seres humanos seamos hijos de los neanderthales. No cerrando del todo la puerta, como yo vengo defendiendo, a la posiblidad de que se haya producido un cierto mestizaje entre los últimos neanderthales y los sapiens que convivieron con ellos, en Europa, hasta hace sólo diez mil años. O menos…

Como la noticia de 1997, sobre la convivencia de erectus y sapiens en la isla de Java. Una verdadera bomba atómica sobre la que se ha corrido el tupido velo de siempre. Porque este hecho documentado de Java destruye toda la tesis darwinista sobre el origen del hombre. Si descendiesemos del homo erectus sería imposible que éstos hubieran jugado al fútbol o la brisca con los sapiens en Java hace cuatro días…

Pero la debacle del darwinismo no ha hecho sino comenzar. Porque, por si fuera poco, muchos de los datos que se nos están brindando…, son falsos. Dígalo si no el llamado cráneo menguante de Mr. Ples.

Daniel Lieberman de la Universidad de Rutgers. Sostiene que la mayoría de las diferencias craneofaciales entre los humanos modernos y los homínidos –incluyendo a los Neanderthales- se derivan de una reducción del tamaño del esfenoides, el hueso de la base del cráneo a partir del cual crece la cara. A partir de este principio, Lieberman afirma que debe excluirse al llamado “hombre de Neanderthal de la familia de los Homo sapiens”… como sostengo… es imposible que lo que no se ha modificado en millones de años, se transforme de la noche a la mañana.

Por enésima vez, lo defendido por un solo individuo puede ser infinitamente más cierto que lo postulado por mil millones de personas… Todos los votos son iguales, pero la ciencia es, afortunadamente, otra cosa… lo que me trae a la memoria esos aberrantes intentos protagonizados hoy por determinados  historiadores que pretenden consensuar la Historia. Es decir, decidir por mayoría qué es lo que realmente sucedió en el pasado. ¿Cabe una barbaridad mayor? Barbaridad y fraude, porque tras ese consenso se esconde el deseo de reescribir la Historia a nuestro antojo, echando tierra sobre aquello que no conviene o que nos hemos mostrado incapaces de llegar a reconstruir.

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