Un filón en torno a Santander.

6 septiembre, 1998

Un filón en torno a Santander. (06-09-1998)

¿Cuántas Altamiras permanecen inéditas en el entorno de Santander?… Además de que la habitual datación de las pinturas rupestres cantábricas por extrapolación de las no menos aleatorias dataciones atribuidas por los franceses a sus pinturas, siempre se me ha antojado uno de los más divertidos disparates consagrados por las Ciencias Históricas… O sea que eso de los veinte mil años de ancianidad de las pinturas del Pendo, lo escucho como quien oye llover.

Por otro lado, hace catorce años vengo repitiendo que todas las cuevas con pinturas rupestres son santuarios. O iglesias = ermitas –como queramos llamarlas- cuya función era estrictamente religiosa: léase la de rendir culto a unos seres hacia los que nuestros ancestros manifestaron siempre una especie de temor reverencial.

Ermitas excavadas, como las cuevas, en el interior de las peñas. Cantabria posee una magnífica muestra de ellas, situadas casi todas en el Alto Ebro. Y tengo que volver a reírme, en este caso a carcajadas, respecto a las dataciones medievales que se les endosan a esos eremitorios prehistóricos que se abren, a orillas del materno Ebro, en los valles de Brizia, Olea, Re-Dible… Las iglesias, las basílicas y las ermitas, con este mismos nombres en sus formas anteriores, existen desde la más remota Prehistoria. Y el proceso que han seguido ha sido siempre el mismo: de las entrañas de los montes a sus laderas.  Primero excavadas en ellas y más tarde edificadas sobre ellas. Y la cueva del Pendo nos ofrece un ejemplo elocuente; muy cerca de ella se encuentra una ermita consagrada a uno de los innumerables santos míticos del Santoral cristiano: San Pantaleón. Obsérvese: Pendo = Pantaleón. ¿Coincidencia? Quien así lo estime, que piense en la Cueva del Pindal, también a orillas del Cantábrico, así como en el parentesco de todos estos nombres con la palabra pinturas…

Muy cerca de la cueva-ermita del Pendo y siempre en el entorno de la bahía de Santander, se encuentra el pueblo de Igollo, distinguido con la presencia en su término de la ermita más antigua del mundo. Porque recordemos que tras una excavación cofinanciada por el Ministerio de Cultura y por la Fundación Nacional para la Ciencia, de los Estados Unidos, esta última anunció hace quince años el descubrimiento en la Cueva de Juyo, en Igollo, del santuario documentado más antiguo del mundo, con una datación mínima de 14.000 años. Entre los restos descubiertos en este remoto lugar sagrado, que ha permanecido intacto desde que fuera frecuentado por el hombre paleolítico, destaca un altar –que obviamente es el más antiguo del mundo- y la cabeza esculpida en piedra de una divinidad, precursora del latino Jano y del griego Bóreas, que presenta por su parte anterior facciones humanas y de felino por la posterior.

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