Covadonga está en Burgos.

25 octubre, 1998

Covadonga está en Burgos. (25-10-1998)

Allá por el año 1995, en el curso de los estudios que realicé sobre la toponimia e historia remota del macizo de los Montes Albarenes u Obarenes, lamidos por las aguas del río Ebro, ya caí en la cuenta de que el verdadero santuario de Covadonga no había estado situado en los Picos de Europa sino a orillas del materno río Ebro, en el impresionante desfiladero de Tartalés o de La Horadada abierto por las aguas de este río y de su feudatario el emblemático río Oca.

Son pocos los historiadores que le otorgan alguna credibilidad a ese supuesto inicio de la Reconquista en tierras de Asturias, siendo innumerables las tesis que se han elaborado tratando de reubicar el escenario de ese episodio fundamental de la historia de España. Para muchos está clarísimo que aquella legendaria batalla se desarrolló en el valle de Liébana, en tanto que otros dirigen su mirada hacia las tierras de la antigua Castilla Bellexia o Biella. No en balde el nombre del caudillo Don Pelayo aparece estrechamente vinculado al de la antigua sede episcopal de Val Composita, degradada hoy en todos los aspectos, incluso en su nombre, y conocida como Val Puesta: una de las Compostelas que han existido en el ámbito de Cantabria y del Alto Ebro…

Fueron justamente los Montes Albarenes, dada su calidad de puerta de la vieja Castilla y de Cantabria, el punto en el que se concentraron las tropas castellanas, baskas, cántabras y asturianas que le plantaron cara al invasor sarraceno… Umbral que no lograron cruzar jamás de una forma duradera… Por ello, la presencia árabe –como pueblo invasor- en Asturias, Cantabria, Euskadi y Norte de Castilla fue sencillamente anecdótica. Por no decir nula…

Dichos montes se integran en la antigua Cordillea Kantabriana, que ha conservado su nombre en el pueblo de Cantabrana y en la Sierra de Cantabria. Lo que es del todo coherente con el hecho de que el legendario Don Pelayo fuera Duque de los Cántabros. Que no de los Astures…

Pues bien, acabo de saber por Carlos Alonso, cura burgalés, que el monasterio de Covadonga fue fundado por el rey Alfonso I con monjes benedictinos de Cilla Perlata. Monjes que evidentemente se llevaron a la Nueva Covadonga una copia de la Virgen original que se veneraba en el santuario de Covadonga de Cilla Perlata. Copia que, por cierto, se quemaría en el siglo XVII.

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