El cuento de Don Pelayo.

1 noviembre, 1998

El cuento de Don Pelayo. (01-11-1998)

Ya desde mi primer libro sobre estas materias –Cantabria, cuna de la Humanidad-, vengo defendiendo que nuestro tan traído y llevado Don Pelayo no es otro que el caudillo y héroe por antonomasia de los españoles de ayer y de siempre: Hérkules. O Atlante, como se prefiera, que de ahí el que las siete hijas de este fueran conocidas con el nombre de Pelayas, Peleyas o Pléyades

El verdadero Don Pelayo al que nuestros ancestros le atribuían todas sus victorias, es el mismo personaje mítico que ha dado nombre a la cruz que adorna la bandera de Asturias: Cruz de la Victoria a la que también se conoce como Cruz de Don Pelayo. Es lo mismo, porque detrás de ella no se esconde otra cosa que el antiguo Lábaro cántabro, a la sazón la primera bandera creada por el ser humano a la que se atribuía la potestad de otorgar la victoria a quien se hallase en poder de ella. Que de ahí el que las indeseables legiones de Roma se afanaran en hacer suyos todos los estandartes cántabros -ornados con el Lábaro o Cruz de don Pelayo-, llegando al extremo inaudito de renunciar a sus propias insignias para asumir la enseña de sus enemigos.

Paradojas del destino, los asturianos de hoy mantienen el Lábaro como bandera. Exactamente igual que los baskos en su Ikurriña. O que los nabarros, diseñado en este caso mediante los eslabones de una cadena. O que los castellanos… La de Cantabria es y ha sido siempre la cruz o lábaro de oro sobre un fondo encarnado.

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