La Troya que no vio Schliemann.

17 octubre, 1999

La Troya que no vio Schliemann. (17-10-1999)

Lo vengo escribiendo desde hace quince años, pero lo repetiré una vez más: la ciudadela descubierta por ese inquieto y adinerado investigador ni es Troya ni tiene absolutamente nada que ver con ella. Porque la genuina Troya cantada por Homero es infinitamente más antigua y porque su verdadero nombre fue Astraya = Estrella: la ciudad fundada en el lugar en el que se suponía que se había producido el nacimiento de la vida en la Tierra, a partir de la caída de la Estrella solar… en el Occidente de Europa, a orillas del Océano. Allí donde se rendía culto al Sol y a la Luna. A Salena, la diosa de los Salenos kántabros cuyo nombre remeda Helena de Troya Como Héctor calca el del patriarca de los Baskos: Aiztor, el Astro solar. O Paris el del Edén o Paraíso. O Príamo, padre de estos últimos, al primer ser humano, hijo del Sol. Al también denominado Prometeo… o la identificación de María con la Aurora, el Sol y la Luna

La auténtica Troya hubo de tener una superficie cincuenta veces mayor que esa burda copia que se nos viene vendiendo como auténtica desde hace décadas, insisto que sin réplica alguna… porque en la propia Cantabria, nos encontramos con tres ríos o arroyos denominados Troya o Troja. Uno en el macizo de Pas, otro en el Elsa y un tercero en Peña Sagra: este último riega el Valle de Bedoya, naciendo en la exquisita pradería de San Pedro de Toja y discurriendo junto al pueblo de Triyayo (que ha dado nombre a Trujillo). Debido a la nefasta costumbre cantábrica de convertir las y en j, hoy decimos Troja donde siempre se utilizó Troya. Y esto es fácil de verificar porque toda la Península Ibérica está sembrada de Troyas

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