Especies en el registro fósil.

ESPECIES EN EL REGISTRO FÓSIL.

Sandín:

1. En cualquier área local una especie no surge gradualmente por transformación constante de sus antecesores, sino que aparece de una vez y plenamente formada.

2. Las especies aparecen en el registro fósil con una apariencia muy similar a cuando desaparecen. Es lo que se conoce como “estasis (*) ”, período que puede durar entre uno y diez millones de años.

3.     Remodelaciones bruscas, producidas en una generación por cambios en el desarrollo embrionario se han podido verificar  experimentalmente en artrópodos.

Millán Puelles (A.O.- ¿Qué hay de cierto sobre la relación entre “antropología” y “zoología”, entre el hombre y el mono (o cualquier otro animal que se tenga por nuestro predecesor?): “Hasta hace poco la antropología ha consistido, a pesar de su nombre, en el intento de rebajar el ser humano a la simple condición del animal… Porque no cabe duda de que el hombre es “también” un animal… Pero también es igualmente cierto que, por “muy” animales que seamos, la cosa no llega a tanto que resulte inevitable el pesimismo de tener que abdicar, “humildemente”, de nuestra categoría de personas… Su ingenuidad (de los antropólogos) consistió en no advertir la extrapolación que cometían al trasladar al mundo de los animales todo un conjunto de ideas y de conceptos que habían sacado de la vida de los hombres. Es como si Homero, para entender la cólera de Aquiles, hubiera tenido que empezar por hacer un estudio fisiológico de la ira del león… Y es que como uno empiece por solidarizarse con la parentela animal, acaba, sin remisión, por perderse en la noche en la que todos los gatos son pardos.”

En relación con el “hombre”, resulta extraño que entre la abundancia de fragmentos de “homínidos” rescatados de lo que antes fueron frondosas selvas africanas, no se encuentre el más pequeño vestigio de nuestros parientes evolutivos más próximos: los chimpancés y los gorilas. Pero eso no parece tener la más mínima importancia para un darwinista convencido, y así nos lo explica Juan Luis Arsuaga (1999): Obsérvese que en el dendograma no aparece ninguna especie fósil de chimpancé. La razón es que no se conoce ninguna (¿¡¡¿). Sin embargo, no cabe esperar que los chimpancés fósiles vengan a rellenar el foso que nos separa de sus descendientes vivos, por lo que no son importantes para esta discusión: nadie cree que haya habido en el pasado chimpancés más bípedos o más inteligentes que los actuales. Lo que se necesita son formas de algún modo intermedias, “eslabones perdidos” en la retórica tradicional, o dicho aún más crudamente: “hombre-mono”. (A esto yo lo llamo una “profesión de fe”. No aporta pruebas y, encima les niega la existencia.).

EL PAÍS, miércoles 15 de octubre de 1997:
MIOCENO: Un mono europeo de hace 8 millones de años caminaba completamente erguido Oreopithecus bambolii, haciéndolo de manera independiente al bipedismo de nuestros antepasados, gracias a una adaptación personal al medio insular. 

La locomoción bípeda ya no sólo es característica humana, hace 8 millones de años ya apareció el bipedismo independiente al humano, al menos una vez en la historia. Andar erguidamente es y era 4 veces menos costoso y arriesgado, ya que situamos a ésta especie, como evolución del diocopiteco, quedando en una isla, lo que sería hoy Toscana, lugar dónde no había depredadores y ya no era necesario la capacidad de trepar.

Cuando la isla se incorporó al continente y, entraron los depredadores, éste se extinguió; su capacidad craneal era similar a la de sus antepasados, lo que significa que el liberarse no le sirvió para desarrollar su inteligencia. Todo esto proporciona un modelo independiente del bipedismo, que puede ayudar a comprender los orígenes del bipedismo humano, cuestionando cosas como si los Australopitecus eran del género homo.

¿Cómo es posible que se hayan encontrado cientos de fragmentos de fósiles de “homínidos” y no exista un solo resto de póngidos (**) –monos- con los que, al menos “inicialmente” compartían hábitat?. Y, seguramente, la respuesta esté en que una gran cantidad de fósiles atribuidos al linaje humano sean, en realidad, de antecesores de chimpancé y gorila. Por ejemplo, Austrolopithecus afarensis de África del Este: el estudio de los huesos de pies y manos, bien conservados, denotan unas curvaturas en las falanges típicas de los póngidos. Los cráneos, extremadamente fragmentarios, muestran una morfología simiesca, y sus mandíbulas y maxilares unos grandes caninos con el diastema (***) característico de los póngidos, o sea, (con ironía) son homínidos.

Dado que todo comienza con la morfología, intentemos determinar cual es la que hemos de buscar para distinguir la morfología “antigua” de la “moderna”. Cuál es la referencia para determinar la morfología moderna ¿tal vez la parecida a la de los actuales europeos?. Porque morfología moderna es la de los esquimales, con las proporciones corporales exactamente iguales a las de los neandertales y la de los esbeltísimos nilótidos o los pequeños bosquimanos y pigmeos. Morfología moderna es la de los “aborígenes” australianos, muchos con su gran “torus supraorbitario” y un acentuado prognatismo, con todo el aspecto, apoyado por la continuidad del registro fósil (Wolpoff y Thorne, 1992), de ser herencia directa de los “marineros” de la isla de Flores.

Ribero-Meneses: “Hemos de recordar que los cráneos de los homínidos han conservado una estructura básica uniforme por espacio de millones de años, siendo físicamente imposible el que, de la noche a la mañana, se haya producido un cambio tan radical en esa estructura como el que presupondría su milagrosa transformación en los cráneos humanos actuales. Sólo el intercambio genético con nuestra especie podría introducir cambios sustantivos en erectus y neandertales. Y, de hecho, así ha sucedido. Los homo sapiens seguimos siendo homo sapiens pero matizados por las aportaciones genéticas que hemos recibido de aquellas otras especies con las que nos hemos cruzado, principalmente a lo largo de los últimos cincuenta mil años.”

Ya que no nos “aclaramos”, veamos que dice el mismo Richard Leakey: “En los restos dispersos y fragmentarios de los afarensis de Tanzania se encontraban mezclados restos de austrolopitecinos y de Homo“ que, para él, es muy antiguo. O sea, que según se efectúe la selección y la “reconstrucción” así tendremos el resultado.

Vamos a ver, si la morfología de muchos de los restos “excavados” es característica de póngidos, si su forma de desplazarse es la típica de los póngidos y su hábitat es el de los actuales póngidos, ¿no es posible que muchos de los “homínidos” fueran en realidad póngidos?

Todo parece indicar que la supuesta ausencia de restos de póngidos en el registro fósil es más un resultado de la idea prevaleciente de la evolución humana y del deseo de los investigadores de encontrar “su” ejemplar de gran trascendencia (eslabón perdido), que de la realidad. El último ejemplo, Toumaï, Sahelanthropus tchadensis, el “más antiguo miembro de nuestra familia”, un cráneo muy completo pero fragmentado y sujeto, por tanto, a diferentes reconstrucciones en función de las ideas previas sobre su condición y, datado entre 6 y 7 millones de años, ha sido recalificado por Milford Wolpoff, como perteneciente a un gorila hembra ascentral, en función, fundamentalmente, de las características de la base del cráneo. No obstante, tanto sus descubridores como otros expertos, siguen negándose a conceder a los pobres póngidos un lugar en el registro fósil.

Cómo distinguir entonces el homo del póngido. Dado que el carácter distintivo del cerebro humano no es su tamaño, sino su organización, a falta de datos paleontológicos fiables sobre ésta, sólo podemos guiarnos por un comportamiento “distintivamente” humano. Una vez puestos de acuerdo en dicho comportamiento ¿industria lítica? ¿marcas en huesos? ¿construcciones, hogares? ¿grabados, pinturas?, podremos hablar de comportamiento inteligente ¿homínido o póngido?

Por cierto ¿cuántos eslabones-perdidos precisan los darwinistas para “completar” su modelo?. Uno entre mono-homo, otro entre cada par de homos,… Ellos mismos.


(*) Estancamiento.

(**) Póngido: Se dice del mamífero primate catarrino, robusto, con las extremidades superiores mayores que las posteriores y el dedo pulgar oponible, como el chimpancé, el orangután y el gorila.

(**) Diastema: Hendidura, hueco. Espacio de separación entre los dientes, permite encajar los mismos.

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