¿Qué es el Librepensamiento?

¿Escepticismo o librepensamiento? Un poco de filosofía.

Ni lo uno, ni lo otro, no mezclemos conceptos distintos. Intentaremos delimitar el “terreno de juego”, qué es cada cosa, partiremos de los diccionarios Larousse-Espasa-Enciclopedias:

Librepensamiento: doctrina o actitud que afirma la independencia de la razón frente al pensamiento dogmático, principalmente religioso. Se aplica fundamentalmente a los pensadores franceses e ingleses de los siglos XVII y XVIII.

Escepticismo: Incredulidad o duda acerca de la verdad o eficacia de una cosa.

Escepticismo metódico: actitud filosófica que consiste en empezar poniendo en duda todo lo que se presenta a la conciencia natural como verdadero y cierto, para eliminar de este modo todo lo falso y llegar a un saber absolutamente seguro.

¡OJO!: La duda no es un fin, sino una herramienta para encontrar la verdad. Veamos un poco de la “historia de la duda” y, su relación con el escepticismo.

Hay una línea que va desde Sócrates y Platón y que pasa por Aristóteles y San Agustín antes de llegar a Descartes, luego le siguieron Spinoza y Leibnitz, Locke y Berkeley, Hume y Kant… La mayor parte de estos filósofos fueron racionalistas, o sea, opinaban que la razón es la única fuente segura de conocimiento. Destacaremos algunas frases:

Sócrates: “más sabia es la persona  que sabe que no sabe.

Sócrates se hacía el ignorante, es decir, aparentaba ser más tonto de lo que era (ironía socrática). En el transcurso de la conversación, solía conseguir que su interlocutor viera los fallos de su propio razonamiento. Él obligaba a la gente con la que se topaba a utilizar su sentido común. Consideraba su misión ayudar a las personas a “parir” la debida comprensión, porque el verdadero conocimiento tiene que salir del interior de cada uno. No puede ser impuesto por otros. Sólo el conocimiento que llega desde dentro es el verdadero conocimiento. Todas las personas pueden llegar a entender las verdades filosóficas cuando utilizan su razón. Cuando una persona “entra en juicio”, recoge algo de ella misma.

Aristóteles: “Es señal de ser verdad una cosa, cuando todo lo demás concuerda con ella”.

Marco Tulio Cicerón: “Mediante la duda llegamos a la verdad”. Implica que no aceptaremos algo hasta verificar si ello es o no cierto.

Descartes: “Se debe dudar de todo”.

Como dudo se presenta una cuestión ¿hasta dónde dudo?, puesto que no todos los hechos, o en su caso afirmaciones, tienen el mismo grado de credibilidad. Entre el blanco y el negro hay muchos colores y tonos. ¿Es aplicable este ejemplo al caso?. Cuidado con las analogías y las medias verdades.

Volviendo a la credibilidad, debemos buscar una proporcionalidad entre la extrañeza de la propuesta y las pruebas que exijamos para aceptarla o no. Es el principio de proporcionalidad enunciado por David Hume como: “Afirmaciones extraordinarias necesitan pruebas extraordinarias”.

Claro que nuestros sentidos pueden engañarnos –cuando tomamos un caramelo de menta tenemos sensación de frescor porque el mentol engaña las señales del cerebro haciéndonos creer que estamos tomando algo frío-, o sea, que antes de buscar las causas debemos cerciorarnos de que el hecho es tal y no una mera ilusión.

Fontenelle enunció este punto como: “Es cierto que este método es muy lento para la mayoría de la gente que busca con ahínco la causa, obviando la veracidad del hecho; pero así evitaremos el ridículo de encontrar la causa de lo que no existe”.

Bien, “sabemos” que el hecho no es una ilusión, pero ¿cómo se explica?. Por supuesto pueden haber varias posibilidades, pero ¿cuál elegir?. De entrada la explicación más sencilla es la que tiene mayor probabilidad de ser correcta. De salida, ya se verá, pues mayor probabilidad no quiere decir que tenga que ser necesariamente así la explicación del hecho.

Las “verdades estadísticas”, por ejemplo, si en el país se comen 50 Kg de pollo por habitante y año, dado que hay personas que sólo lo conocen en dibujo/foto, alguien se estará tomando 100, 200, … etc. Kg de pollo.

Otro ejemplo de chiste, metan los pies en agua con hielo y la cabeza en el horno. En “promedio” se está a una temperatura agradable.

Entonces, ¿cual explicación es la buena?. Occam lo formuló como: “No debemos multiplicar los entes sin ser necesario”. Vamos, no inventarse explicaciones nuevas mientras los hechos encajen en las actuales.

Pero cuidado, se puede “encajar” la versión de la explicación que uno prefiera –arrimar el ascua a mi sardina- mediante el uso de un error/engaño muy común: partimos de frases de tipo “es” (frase descriptiva) para llegar a frases de tipo “debe” (frase normativa). Y sin embargo esto en muy corriente, sobre todo en artículos periodísticos, programas de partidos políticos y discursos parlamentarios.

¿Qué significa librepensamiento?

Del congreso Internacional de Librepensadores realizado en Ginebra en 1902 (Gabriel Séailles –profesor de la Sorbonne-):

El derecho al libre examen. Exige que las afirmaciones sean llamamientos del espíritu al espíritu; que vayan unidas a la prueba; que se sometan a la discusión, y que por consiguiente, ningún hombre quiera imponer su verdad a los demás hombres, fundándose en autoridades exteriores y superiores a la razón.

Así, un hombre, sean cuales fueran sus teorías y creencias, merece llamarse librepensador, si para establecerlas recurre solamente a su inteligencia propia y, al auxilio de la ajena(*) .

El librepensamiento no excluye la hipótesis ni el error, aun implica por excelencia la libertad del error, pues si nos creemos candorosamente en posesión de la verdad, nos declaramos infalibles, nos conferimos a nosotros mismos una dosis de pontificado. En vez de irritarnos, regocijémonos por la diversidad de opiniones: ella nos compele a reflexionar, ella agita las ideas y al agitarlas produce nuevamente combinaciones.

En una palabra, el librepensamiento es un método, no una doctrina: al darse como tal, se negaría en el momento mismo de  afirmarse.


(*)Frase original: “al auxilio de su inteligencia propia y el control de la ajena”.

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